Ojala que el invierno me abrazara ahora mismo. ¡Ojala!
Que el frío húmedo y el viento helado me sonrojaran la nariz y las mejillas… y las orejas… y no sentir los dedos de las manos… y los pies congelados… y pasear por la calle a dos o tres grados de temperatura y respirar el aire aquel que sabe a mucho… que sabe a Navidad. Ver que son las siete, las siete de la tarde y la calle está silenciosa… Entonces suspiras profundamente y te dejas acariciar por ese cálido frío que año tras año estará ahí para hacerte compañía, en tus más solitarios paseos junto al frío.
El abrigo de cada año te lo recuerda… el año que viene volverá. Volverá el frío, el viento, el aire helado y dulce del mar, esa brisa que te acaricia la nariz… ese abrigo que te pide descansar… un nuevo invierno, nuevas compras.
Te regalan la parca color verde que siempre habías querido. ¿La Navidad será menos fría? Y vuelves a pasear, sola, por las calles de tu pueblo de montaña junto al mar, paseando sin pensar en la ciudad, tus manos en ese nuevo abrigo se esconden en esos nuevos bolsillos… que suenan a monedas que ruedan entre tus dedos. ¡Monedas!
Coges una… con una será suficiente piensas… y con tu naricita y tus orejitas rojas, te acercas a un teléfono que está ahí solo, como tu, en mitad de una calle congelada… …y lo escuchas sonar.
Tus manos jugueteando con el sonido del teléfono…”ring… ring…” Y ahí estas tu, con tu parca nueva color verde, con tu nariz helada, tus orejas rojas, tus pies completamente fríos… y las monedas sueltas en tu bolsillo…
Suena el teléfono.
-¿Suena el teléfono? Pero no era yo la que iba a llamar?- Te acercas… Te detienes frente a él… Lo miras… Lo escuchas sonar y sonar… Piensas… Decides… Descuelgas… Escuchas… Esperas…
Te ves reflejada en el cristal de un escaparate, de una tienda de ropa de niño que tienes en frente. Te miras… Tu pelo suelto juega con el frío viento…
Y tu sigues ahí, de pié, con el teléfono enganchado a la oreja. La calle sigue bacía. La tarde aún sin estrellas te recuerda a la luna. La luna; sola ahí arriba; brillante y misteriosa. La luna. Entonces te acuerdas del sol y del sol saltas al verano y del verano a la playa y de la playa al mar y del mar a bucear. Y buceando te sumerges mas y más, hasta llegar al fondo… al agua-sal… Donde no hay nadie. Nadie.
Estas ahí, sola, sin recordar nada, ni de dónde vienes ni como has llegado ahí. Solo consciente de donde estas ahora, al abrir los ojos y verte rodeada por esa inmensidad de agua-sal y descubrir tu cuerpo flotando entre el silencio. Entre tu cuerpo y el agua-sal estás tu. Tu.
Piensas por un momento haberte convertido en pez, pero tras ese fugaz y quizás estúpido sentimiento de pez, te ves las manos, los brazos, un pié, el otro, las piernas y te descubres completamente desnuda con tu pelo-largo-como-al-viento. Como, como al viento.
El agua no te cubre, sino que te rodea; como hoy te rodea el aire, el viento, las nubes, el cielo, el sol, las estrellas, la luna, los pájaros, los aviones, los coches, los trenes, los edificios, , los parques, las carreteras, Internet, los teléfonos, la tele, la música,… Despiertas ahí donde no hay mas que agua. Agua. Agua-sal. Sal salada. Sal agradable junto al agua. Agua y sal. Y tu.
Tu que aun sigues ahí…
De nuevo Navidad. Mirando tu pelo-como-al-viento reflejado en ese escaparate que tienes enfrente… Por las calles los altavoces cantan. Altavoces que colocan cada año repartidos por el pueblo con sabor a villancicos. Las mismas canciones. El mismo olor a invierno. El mismo regusto agridulce a Navidad. …“Y beben y beben los peces en el río y beben y beben y vuelven a beber, los peces en el río”…
Tu que aun sigues ahí… Con el teléfono enganchado a tu oreja. Contestas.
-¿Diga?
-¿Chantal, eres tu?-Alguien te pregunta al otro lado. La voz te es familiar.
-¿Quien eres?
-Mírate reflejada en ese escaparate que tienes en frente Chantal.
Y te ves a ti misma, hablando con alguien por teléfono. Hablando con alguien. Con alguien que tiene tu voz. Alguien que piensa en el sol y con agua-sal. Alguien que deja su pelo suelto-como-al-viento para poder respirar…
-¡No te ves Chantal, eres tu sin ansiedad!
El teléfono calla… Las calles ya no son frías. Agosto cubre de sol el mar. Tu piel bronceada y salada…
Respiras. Respiras. Respiras.
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