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Nicolás y el Sr.Robot

Paseaba por la casa sintiéndose extraño. Extraño en su propio hogar… por el pasillo, habitaciones, salón, en la cocina…

Laura se había ido unos días de viaje por trabajo y Nicolás se había quedado solo, solo y raro, a la espera de que Xenia saliera del colegio.

Nicolás se había cogido el día libre para organizarse en casa, ir a comprar e ir a buscar a su hija a la salida de clase.

Recorría la casa vacía como si fuera la primera vez que estuviera ahí… Era como una casa desconocida, sin ruidos, sin risas, sin gritos de una pequeñaja consentida, sin olores a sofritos o a café por la mañana… una casa que no le gustaba.

-No se estar sólo-. Se dijo a sí mismo. Quizás es una de las cosas más terribles que le puede pasar a un ser humano… sentirse solo, tanto, que es como si ese vacío te atrapara por dentro, entonces empiezas a hablar contigo mismo… y aun es peor, porque entonces estás solo y loco… Y al llegar a esa reflexión, Nicolás decidió coger el coche e ir al centro comercial a comprar algo de comida y recoger a Xenia al colegio. La iría a buscar una hora antes de su salida habitual , dándoles una falsa explicación a los profesores del colegio y sacarla de allí antes de la hora, egoístamente, solo para que le hiciera compañía y ahuyentar esa sensación de soledad que se le había enganchado a la piel desde que había abierto los ojos esa mañana, y que no le dejaba en paz. -Si, iré a comprar y a buscar a Xenia. Que ganas tengo de ver a mi chiquitina. Seguro que se alegrará cuando la recoja.- se autoconvencía a sí mismo de camino al supermercado.

Una vez allí, con carrito en mano y sin ningún tipo de prisa, empezó a observar los pasillos y a concentrarse en lo que necesitaba comprar. Detergente, patatas, galletas, leche, cereales… y así iba llenando el carro sintiéndose orgulloso y olvidándose de esa sensación que le había rodeado durante toda la mañana. Al pasar por el pasillo de los juguetes, se detuvo a mirarlos detenidamente y a escoger uno para regalárselo a Xenia cuando fuera a recogerla. Había una muñeca que casi parecía real, le puso los pelos de punta y la descartó como posible candidata, luego le hizo gracia un muñeco de peluche azul, una especie de perro-gato (es lo que tienen los peluches, que pueden ser varias cosas a la vez). Pero al fondo de la estantería, medio escondido, como marginado por haberse quedado el último tras el éxito de venta de sus compañeros, un robot blanco y gris, perdía la fuerza y la firmeza, sentado como si fuera una marioneta en esa fría estantería. Lo cogió y no se lo pensó dos veces. -Este!-

Ya en la caja, mientras sacaba del carrito toda la compra y dispuesto a pagar, miró al robot y se preguntó a sí mismo si estaba seguro de que a su hija le iba a gustar. Decidió compartir esa duda con la cajera.

-Disculpe! ¿Usted cree que este muñeco le gustaría a una niña de 6 años?.- La cajera lo cogió y le hizo una mueca como de disconformidad. -Señor, la verdad es que no estoy segura de que a  una niña le pueda gustar un robot, yo preferiría una Barbie o … ya lo se! Hay una muñeca, justo en el mismo pasillo donde encontró este juguete, es así como muy real…- Nicolás había dejado de escucharla. Asintió con la cabeza y le dijo que se lo cobrara todo, que ya se lo pensaría. Metió la compra en el maletero y cogió al robot colocándolo en el asiento trasero, justo encima de la sillita de Xenia. Encendió el motor y emprendió la marcha, colocó bien el espejo retrovisor y miró al muñeco. -No se porque narices te he cogido a ti! Seguro que Xenia hubiera preferido a esa estúpida muñeca.- Se enfadó consigo mismo por haberlo comprado y por seguir hablando solo. Aceleró dirigiéndose al colegio de la niña.

-Esa muñeca era una boba! y una engreída! Gracias.-

Nicolás miró varias veces por el espejo retrovisor, miro al robot detenidamente unos segundos…-No, no puede ser!… si es que hoy me voy a volver loco!.-Volvió a mirar por el espejo al juguete y se sonrió a si mismo como burlándose de lo que creía haber oído.

Al llegar a las puertas del colegio, dejó el coche en doble fila con los intermitentes puestos y salió corriendo llamando al timbre para ver si alguien le abría la puerta y conseguía recoger a su hija.

-Hola Nicolás, ¿que le ha pasado algo a su hija?

-No,no. Mire, es que nos ha surgido una urgencia familiar y necesito que Xenia salga ahora de clase para llevármela a casa. ¿Habría algún problema?.- Por supuesto que no. Fueron a buscar a la niña a clase y se reencontró por sorpresa en el vestíbulo del colegio. La abrazó, la besó fuertemente en la mejilla y la llevó al coche en brazos, metiéndola en la sillita, no sin antes apartar a un nuevo juguete que, sin aun saberlo, formaría desde entonces parte de la familia. Como los niños son muy rápidos, Xenia se percató enseguida del Robot y, mientras el padre la ataba debidamente con los cinturones de seguridad, ella ya lo sujetaba entre sus manitas. ¿Te gusta? le preguntó el padre dudoso aun por no haber comprado la muñeca. Y la niña le regaló una sincera sonrisa, con la que ya tubo suficiente como respuesta.

De camino a casa la pequeña se percató de algo.

-Papi!

-Dime cariño…-Le contestó sin apartar la vista de la carretera.

-Dice el Sr.Robot que te dé las gracias…

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